Ya lo dicen mis viejas; es de ser bien nacido, ser agradecido.
No hace mucho, Christian Black, camarada de estas lides, hizo una entrada en su blog acerca del desacierto del uso del lenguaje rimbombante - o como cojones se diga -, en lo que no puedo estar más de acuerdo.
Pero no es del lenguaje - rimbomloquesea o no -, de lo que quería hablaros hoy, sino de la soberbia, la prepotencia, la pedantería y la gilipollez en su mayor grado de algun@s autor@s.
Últimamente entro poco al face, pero a veces, sinceramente, me entran ganas de no volver a hacerlo. Gracias a Dios que hay personas por las que merece enchufarse, personas amables, humildes, comprensivas y atentas a todo y a todos.
Tal vez la gente piense que entre los escritores nos tiramos de los pelos, que mantenemos una pugna constante por la notoriedad y que nos ponemos verdes los unos a los otros. Es un error garrafal. No sólo es totalmente falso, sino que además queda muy lejos de la realidad, al menos dentro del género romántico. He conocido a autoras maravillosas - y autores, que luego me echais a los perros -, que no sólo no critican ni envilecen el trabajo de los demás, sino que además promocionan a compañeras, las apoyan, las defienden, las animan, aplauden sus éxitos y lloran sus fracasos.
Esto, amigos, os lo creáis o no, es por norma general.
Por desgracia, siempre hay garbanzos negros que estropean el cocido. Pocos, sí, pero los suficientes como para que te entren ganas de darles de hostias por su arrogancia.
Sin ánimo de faltar al respeto, y sin querer entrar en polémica, últimamente veo comentarios que me hacen bufar de incredulidad.
A ver, todos, y cuando digo todos quiero decir TOOOODOS, queremos que nos publiquen. Eso de escribir por amor al arte son puras patrañas, y aquí dejaré a un lado la falsa modestia a este respecto. Yo no sé si escribo bien o mal - escribo, y punto -, pero tengo claro que me gustaría que me publicasen. Para ello, escribo mucho, acojo encantada las críticas - pues de ellas se aprenden -, y me promociono como mejor sé: a base de escribir, de subir mis pequeños desvaríos, de apoyar a las autoras Made in Spain y a ir haciéndome - paso a paso, pues así es como se empieza a caminar -, un huequito en este mundo, por muy chico que sea. Interactúo en las redes sociales, cuando puedo dejo comentarios en los blogs de mis compañeros, en fin... ya sabéis de qué va todo esto.
Mis pretensiones, aunque ambiciosas, no son tan descabelladas como para ensayar en mi trono de porcelana el discurso de agradecimiento por el premio Planeta, como al parecer es el caso de ciertas personas.
Ojo, no digo que escriban mal - a algunos ni los he leído ni pienso hacerlo -, pues jamás me metería con el trabajo de un "compañero", no es esa la cuestión a la que quiero llegar, sino a su actitud, esa de ahí-voy-yo. Cierto que hay que tener una actitud positiva, que si tú no crees en tí misma, nadie lo hará y que bla, bla, bla... pero joder, no lleguemos a extremos de absurdez. Porque aquí, lo que cuenta, no es tanto si escribes bien o mal, ni siquiera si publicas mucho, poco, o nada, sino de llegar a quien realmente hay que llegar: el querido, necesitado e imprescindible lector.
Vale que seas un prepotente que te pilles el mosqueo padre cuando una editorial te rechaza el manuscrito. Vale que el mundo esté contra tí, que sea un ignorante que no entienda tu soberbia manera de escribir, que no vea lo original y factuoso de tu novela. Vale que desacredites a otros "compañeros" en pro de tu creación.
Pero hay que ser gilipollas perdido para menospreciar a los lectores.
Conozco a autoras que han publicado muchísimo - y Dios quiera que sigan haciéndolo -, algunas ya ferreamente consolidadas, ya sabeis, de esas que dices su nombre y no tienes que buscar en google para ver quién es. Pues bien, dichas autoras hacen gala de tal humildad, que es imposible que el lector no sienta cierta empatía con ellas.
Que te publiquen una novela - bien por tí, maj@. Ya era hora, después de taaanto dar el coñazo -, no quiere decir que tengas las ventas aseguradas. Cuidado, porque con esa actitud, con esa soberbia, si no das nada, pocos adeptos vas a conseguir.
Yo, por mi parte, no tengo ninguna intención de comprar su novela hasta que no se tome el antídoto contra la prepotencia: Una buena dosis de HUMILDAD.
No hace mucho, Christian Black, camarada de estas lides, hizo una entrada en su blog acerca del desacierto del uso del lenguaje rimbombante - o como cojones se diga -, en lo que no puedo estar más de acuerdo.
Pero no es del lenguaje - rimbomloquesea o no -, de lo que quería hablaros hoy, sino de la soberbia, la prepotencia, la pedantería y la gilipollez en su mayor grado de algun@s autor@s.
Últimamente entro poco al face, pero a veces, sinceramente, me entran ganas de no volver a hacerlo. Gracias a Dios que hay personas por las que merece enchufarse, personas amables, humildes, comprensivas y atentas a todo y a todos.
Tal vez la gente piense que entre los escritores nos tiramos de los pelos, que mantenemos una pugna constante por la notoriedad y que nos ponemos verdes los unos a los otros. Es un error garrafal. No sólo es totalmente falso, sino que además queda muy lejos de la realidad, al menos dentro del género romántico. He conocido a autoras maravillosas - y autores, que luego me echais a los perros -, que no sólo no critican ni envilecen el trabajo de los demás, sino que además promocionan a compañeras, las apoyan, las defienden, las animan, aplauden sus éxitos y lloran sus fracasos.
Esto, amigos, os lo creáis o no, es por norma general.
Por desgracia, siempre hay garbanzos negros que estropean el cocido. Pocos, sí, pero los suficientes como para que te entren ganas de darles de hostias por su arrogancia.
Sin ánimo de faltar al respeto, y sin querer entrar en polémica, últimamente veo comentarios que me hacen bufar de incredulidad.
A ver, todos, y cuando digo todos quiero decir TOOOODOS, queremos que nos publiquen. Eso de escribir por amor al arte son puras patrañas, y aquí dejaré a un lado la falsa modestia a este respecto. Yo no sé si escribo bien o mal - escribo, y punto -, pero tengo claro que me gustaría que me publicasen. Para ello, escribo mucho, acojo encantada las críticas - pues de ellas se aprenden -, y me promociono como mejor sé: a base de escribir, de subir mis pequeños desvaríos, de apoyar a las autoras Made in Spain y a ir haciéndome - paso a paso, pues así es como se empieza a caminar -, un huequito en este mundo, por muy chico que sea. Interactúo en las redes sociales, cuando puedo dejo comentarios en los blogs de mis compañeros, en fin... ya sabéis de qué va todo esto.
Mis pretensiones, aunque ambiciosas, no son tan descabelladas como para ensayar en mi trono de porcelana el discurso de agradecimiento por el premio Planeta, como al parecer es el caso de ciertas personas.
Ojo, no digo que escriban mal - a algunos ni los he leído ni pienso hacerlo -, pues jamás me metería con el trabajo de un "compañero", no es esa la cuestión a la que quiero llegar, sino a su actitud, esa de ahí-voy-yo. Cierto que hay que tener una actitud positiva, que si tú no crees en tí misma, nadie lo hará y que bla, bla, bla... pero joder, no lleguemos a extremos de absurdez. Porque aquí, lo que cuenta, no es tanto si escribes bien o mal, ni siquiera si publicas mucho, poco, o nada, sino de llegar a quien realmente hay que llegar: el querido, necesitado e imprescindible lector.
Vale que seas un prepotente que te pilles el mosqueo padre cuando una editorial te rechaza el manuscrito. Vale que el mundo esté contra tí, que sea un ignorante que no entienda tu soberbia manera de escribir, que no vea lo original y factuoso de tu novela. Vale que desacredites a otros "compañeros" en pro de tu creación.
Pero hay que ser gilipollas perdido para menospreciar a los lectores.
Conozco a autoras que han publicado muchísimo - y Dios quiera que sigan haciéndolo -, algunas ya ferreamente consolidadas, ya sabeis, de esas que dices su nombre y no tienes que buscar en google para ver quién es. Pues bien, dichas autoras hacen gala de tal humildad, que es imposible que el lector no sienta cierta empatía con ellas.
Que te publiquen una novela - bien por tí, maj@. Ya era hora, después de taaanto dar el coñazo -, no quiere decir que tengas las ventas aseguradas. Cuidado, porque con esa actitud, con esa soberbia, si no das nada, pocos adeptos vas a conseguir.
Yo, por mi parte, no tengo ninguna intención de comprar su novela hasta que no se tome el antídoto contra la prepotencia: Una buena dosis de HUMILDAD.

















